
Escogimos el catolicismo, ya que es la religión que tiene un mayor número de fieles a nivel nacional, tal como lo demuestra el censo realizado en el año 2002: el 69,9% de la población nacional se declara como católica, es por esto, que consideramos que la concepción de la religión católica es tremendamente influyente en el pensamiento colectivo, es decir, sus postulados y dogmas acentúan ciertos valores que no integran la unión homosexual, la cual forma parte del desarrollo psicológico de los sujetos que conforman dicha sociedad. Esto quedará plasmado en el siguiente análisis.
Como es sabido, el catolicismo tiene a la base una sagrada escritura (la biblia) donde se plasman los distintos dogmas que conforman esta religión, los cuales toma la Iglesia y los hace parte de sí para extenderlo a todos sus fieles. Para el análisis de ésta escritura sagrada tomamos la investigación realizada por John McNeill (1976) llamado “la Iglesia ante la homosexualidad” donde se desmenuza, a partir del libro sagrado, la posición de la Iglesia ante las parejas homosexuales. McNeill señala que la biblia por 2 razones principales indica que la unión entre las parejas debe ser de distinto sexo. La primera hace alusión a una oración que se formó entre el 550 a.d.c y el 500 a.d.c y dice lo siguiente:
“Y dios creó al hombre a su propia imagen, según la imagen de Dios, así le creó, varón y hembra les creó”
Donde está versión indica claramente, según MCNeill, que la intención divina al crear la diferenciación sexual era la procreación (McNeill, 1979), por lo tanto, la primera razón por la cual la unión entre sujetos debe ser heterosexual radica en que sólo la unión de 2 sujetos de distinto sexo pueden multiplicar la especie al poder procrear.
La segunda alusión que indica que la unión entre personas debe ser entre distinto sexo se formó en el 950 a.d.c y dice:
“Y entonces dijo el señor Dios: no es bueno que el hombre esté solo; le haré una compañera adecuada”
La segunda razón, según McNeill, que no se asocia a la procreación apela a la solidaridad y a la solución frente a la soledad donde la unión del hombre con la mujer hace que ésta última juegue sólo un papel secundario de acompañante a diferencia del hombre que toma el papel protagónico al ser el sujeto que se acompaña.
En base a estas 2 alusiones expuestas por John McNeill podemos decir que las 2 razones principales por las cuales la unión entre sujetos debe ser heterosexual según la biblia radica en la procreación y en la solidaridad y compañía frente a la soledad que produce la unión de 2 personas de distinto sexo.
La práctica del matrimonio entre 2 personas de distinto sexo legitimado por un ente de la Iglesia, como un sacerdote, debe ser heterosexual, porque sólo este tipo de unión puede multiplicar la especie al poder procrear. Es así, como la unión homosexual se ve fuera de lo posible para la Iglesia al no poder procrear y donde la mujer pierde su papel de acompañante al ser una unión entre 2 sujetos de igual sexo, por lo tanto, para el catolicismo la unión homosexual no es más que una desviación del estado de heterosexualidad deseado por Dios como lo manifiesta McNeill al estudiar dicha escritura (McNeill, 1979).
Frente a lo anteriormente mencionado, referente a los fundamentos del catolicismo y su práctica del matrimonio, es posible observar cómo esta institución reconoce a los individuos, sin embargo, no los reconoce de una manera igualitaria, ya que con su práctica de matrimonio que sólo es posible en una unión heterogénea, no considera como válida la unión homosexual. De esta manera, es posible observar claramente como ésta religión a través de sus valores institucionales, no reconoce la igualdad de status de la diversidad de las personas. Dicho de otra manera, es a través de la institucionalidad que se lleva a cabo esta discriminación hacia las parejas homosexuales.
Esta situación no sería relevante si es que se sacara de contexto, sin embargo, es necesario mantener en cuenta la influencia que tiene particularmente ésta religión en el pensamiento colectivo de nuestro país, ya que como lo dijimos al inicio de este apartado, ésta religión la comparte casi el 70% de los habitantes. De esta manera, es posible ver concretamente como estos valores se extrapolan de las paredes de la iglesia al conformar y ser parte de nuestra historia que hoy por hoy aún se sigue desarrollando, siendo la desigualdad de status la forma de reconocer a las parejas homosexuales.